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domingo, 1 de diciembre de 2013

EL APOSTOLADO DEL SALESIANO COOPERADOR

Gentileza Jorge Carrizo, salesiano cooperador de San Juan
Cada Cooperador está llamado al apostolado, o sea a vivir con corazón Salesiano la misión de la Iglesia, pero cada uno vive el compromiso apostólico de un modo adecuado a sus propias responsabilidades familiares y profesionales, a los propios talentos, a las propias aptitudes, a los dones y gracias recibidas, a la propia formación, e incluso en el propio estado de salud: “prestando en todas partes una atención preferente a la juventud necesitada”.
El apostolado del Cooperador es ante todo un servicio al Reino de Dios, que abraza toda la vida cotidiana y que se expresa también en actividad.
La colaboración en la actividad pas¬toral de la Iglesia es expresión de una coherente experiencia de fe que impregna toda la existencia.
Se puede decir que el apostolado de los Cooperadores comprende tres dimensiones:
  • El testimonio personal, a través de un estilo de vida “marcado por el espíritu de las Bienaventuranzas”, que es una manera eficaz de “evangelizar la cultura y la vida social”;
  • La animación cristiana de las realidades temporales: El compromiso de vivificar con valores evangélicos las realidades humanas y sociales en las cuales se vive y trabaja (la familia, las relaciones con los demás, el ambiente de trabajo, las estructuras civiles, los espacios de presencia social);
  • La colaboración en la actividad pastoral de la Iglesia, mediante el compromiso y las iniciativas que privilegian la pastoral juvenil y el apostolado del área educativa.
Este apostolado da vida también a formas comunitarias de compromiso, cuando los grupos de Cooperadores proyectan y llevan adelante iniciativas que se sostienen con la colaboración de muchos, u bien ofreciendo su cooperación en los proyectos de la Familia Salesiana o de la Iglesia local.
ESPACIOS PRIVILEGIADOS DE COMPROMISO
La salesianidad secular de los Cooperadores los lleva a preferir algunos espacios de compromiso, según las situaciones y las capacidades personales:
  • La familia, para promover el crecimiento como comunidad de las personas, fundamentadas en el amor y en la convivencia, en la cual desarrollan relaciones educativas inspiradas en el Sistema Preventivo;
  • La escuela y los centros educativos donde, como maestros, padres o colaboradores, prestan atención a la educación integral de los jóvenes y proponen un estilo educativo de sello salesiano;
  • Los centros juveniles, en los cuales promueven, de diversos modos el uso sano y creativo del tiempo libre, abierto a valores como la amistad, la solidaridad y el compromiso hacia los demás;
  • La parroquia y el oratorio, colaborando en la animación de grupos juveniles según el criterio que reúne educación y evangelización, o en otras actividades pastorales;
  • La comunicación social, “que crea cultura y difunde en el pueblo modelos de vida”, para llevar al mundo de los medios de comunicación el amor a la verdad, la atención educativa y la opción por los mensajes positivos;
  • La política, los servicios sociales, el voluntariado, para hacer las estructuras, instituciones y servicios “más conformes a las exigencias evangélicas de libertad, justicia y fraternidad” (P.VA., art. 11), más atentos al bien común, más abiertos al mundo juvenil y a la dimensión preventiva en la solución de los problemas;
  • El mundo del trabajo, para testimoniar y promover en él la ética del servicio, la atención a las personas, la solidaridad con los más débiles, la preocupación por quien no tiene trabajo, superando lógicas de mera eficiencia económica que a menudo ignoran las necesidades de la persona.

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